Look, Feel & Collect – Arte Madrid

APERTURA ArteMadrid/ ArteMadrid OPENING Fachada de la Galería Blanca Berlín en Madrid con obras de Joaquim Paiva, Miguel Soler-Roig y Toni Catany. ARTE EN MADRID-ARTEMADRID Del 20 al 22 de septiembre cerca de 50 galerías de arte en Madrid se celebra conjuntamente la apertura oficial de la temporada arte. En el mes de septiembre, el mundo … Sigue leyendo Look, Feel & Collect – Arte Madrid

Luis Gordillo Interviewed by Cristina Ybarra for Channel 20 TV

"Luis Gordillo es uno de los artistas que con más acierto han llegado a plasmar la verdad emotiva del individuo. A veces su obra te cautiva por lo dramatico y violento de la pincelada; en otras, por la variedad y la intensidad cromática que vibra en la calidez o frialdad (según la tématica)". Entrevista a Luis Gordillo por Cristina … Sigue leyendo Luis Gordillo Interviewed by Cristina Ybarra for Channel 20 TV

Holton Rower «Pour Painting» – The Hole NYC

http://www.youtube.com/watch?v=d6egUsZvWu4&feature=player_embedded#!

The Hole is pleased to announce the first New York solo exhibition of pour paintings by Holton Rower. Filling all galleries at the Hole with nineteen enormous pours, Rower will present the variations in technique that produce wildly different effects. From the entrance to the gallery featuring small pours with “hats”, as the artist calls them (wood protrusions on which the paint is poured and flows down); to the medium-sized works with hats, some of which flow onto the floor; to the rear gallery where large works both with and without hats feature “exclusions” (where the artist placed obstacles that the paint was forced to flow around then removed); to Gallery Three where he shows five tectonic pours: the variety and intensity of the exhibition is assured. Rower makes these paintings by pouring fantastic quantities of doctored paint onto plywood: however, the simplicity of this description belies the shocking and unexpected results. The paint flows slowly and determinedly over the surfaces he creates, timed to dry and spread at just the right rate, in color combinations both highly premeditated and fancifully spontaneous. The sloes of paint often fracture, vacillate, clump up, and extrude. Fissures and zigzags abound, as do waterfalls, U-turns, and smears, but always the flow triumphs. The textures of paint, mixed on occasion with reflective elements, opalescent admixtures, and spicy sparkling polishes, vary widely and behave differently. Paint here is truly on parade. The works have a relationship to color field painting and other formal explorations of abstract and minimal legacies—the most superficial relationship perhaps to Morris Louis’ “Pour Paintings”—but instead of seeking the autonomy of color, these works are physical, aggressive, literal and muscular. They, of course, are process-driven as the paint is given free reign to be itself, and like the heroic works of the last century do pursue the sublime; but there is nonetheless something else happening here. Rower deals not just with gravity but gravitas. Rower’s pours come closer to the abstracting nature photos of Edward Weston than to the works of Pollock or de Kooning, painters who, even when most abstract, always left behind traces of the actions of their hands. Meanwhile, the breadth of suggestibility Rower’s pieces spans such a huge range: from the geode-type pieces to the brain scannish works, from spaceships to vertebrae to Northern Lights, lace antimacassars, ghoulish masks, surfaces of distant planets, adipose tissue, underwater mollusks, dendrites, coral, sexual bodies, Christian relics, mitochondria and Golgi complexes: it’s hard for the poetic mind not to run amok. Rower was born in the psychedelic 60s and grew up working in his father’s construction business, where he learned about heft and weight and managing teams of people to do massive undertakings. The grandson of Alexander Calder, Rower was surrounded by a culture of art making and the influence of amazing cultural figures. He has been developing and perfecting these pours in seclusion over the past five years. Recent shows at Pace last summer, John McWhinnie in New York and forthcoming projects at Shirazu in London are just the beginning of sharing these important works with a broader audience. A catalogue will accompany this exhibition.

Decorative pigs at Le Louvre. Wim Delvoye

http://www.youtube.com/watch?feature=endscreen&NR=1&v=TRVzxoC1MDI

Wim Delvoye, exposición en el Louvre. (El País). Cerdos decorativos en un salón decimonónico, esculturas retorcidas en una impecable mesa de bufete, neumáticos de acero tirados entre el mobiliario aristocrático, figuras en posiciones sexuales… Es lo que pasa cuando uno de los establecimientos artísticos más antiguos del mundo abre sus puertas al creador de Cloaca, una máquina de crear excrementos. Aunque donde algunos ven una sarcástica burla, el artista reivindica una respetuosa fidelidad a la herencia tradicional, alejada de la vacuidad y de la ligereza de un arte contemporáneo que no duda en criticar. O eso nos ha contado el propio Wim Delvoye. Aunque con él nunca se sabe. Cuando una institución tan venerable como el Museo del Louvre invita a un artista contemporáneo, con fama de controvertido, a presentar sus creaciones junto a sus grandes obras maestras, la polémica está asegurada. Blasfemia estética, para unos, o fructífero diálogo temporal, para otros, las discusiones parecen no tener fin como ya se demostró durante las exposiciones de Jeff Koons (2008) y Takashi Murakami (2010) en el castillo de Versalles. Por las salas del Louvre ya han pasado nombres tan reconocidos como Tony Cragg, Jan Fabre, Anselm Kiefer, Joseph Kosuth o Michal Rovner. Wim Delvoye sería uno más de esta interminable lista si no fuese por la agitada fama que siempre le precede. Se dió a conocer en 2000 con Cloaca, una compleja máquina que reproducía con fría exactitud todo el proceso digestivo humano (de la absorción a la digestión) para acabar creando unos excrementos reales. Luego vinieron su serie de radiografías y vidrieras obscenas o escatológicas y sus pieles de cerdos. Delvoye los cría en su granja cerca de Pekín donde los tatúa antes de vender sus pieles como si de simples cuadros se tratasen. Un procedimiento que ha despertado la ira de las asociaciones de defensa de los animales. El proyecto Tim (2008) lleva esta idea al paroxismo. El suizo Tim Steiner se dejó tatuar la espalda por Delvoye y este vendió su obra por 150.000 euros a un coleccionsta suizo, que recibirá el trozo de piel a la muerte del portador. Por si fuera poco, Delvoye ha creado también unas esculturas retorcidas de Cristo crucificado, que sitúa ahora sobre la gran mesa de banquetes de las salas de Napoleón III en el Louvre, atrayéndose esta vez la animosidad de las instituciones religiosas. ¿Qué se puede inventar esta vez Delvoye? “Nada”, nos asegura con un tono casi infantil. El espectador puede ver “un Wim que no es exactamente el yerno ideal pero que ha encontrado su lugar entre las cosas bien trabajadas”, explica. Aunque es muy consciente de lo que acarrea su arte. “Estas obras son el resultado de casi cuatro años de trabajo. Sé que puede resultar provocador, pero de manera nueva. Como puede serlo intentar volver a hacer pintura parecida a la del siglo XVII”, explica. ¿Un retorno al academismo? Quizás. Y es que Delvoye ha decidido que era hora de criticar al mundillo del arte tal y como se presenta hoy. Un nuevo hobby o una nueva estrategia para este artista que parece no tenerle miedo a nada. “El siglo XX fue terrible, pero no lo sabíamos. El siglo XXI también, pero de manera completamente diferente. Murakami, por ejemplo. Al principio yo pensaba que lo suyo no era arte, aunque me gustaban un par de esculturas. Sabía que funcionaría porque un nuevo mundo había nacido. Pero nunca hubiera imaginado un mundo tan terrible en el que él pudiera hacer cualquier cosa y que le pagasen tanto”. O el arte de morder la mano que te ha dado de comer. Sin embargo, no todo es malo según Delvoye. “Damien Hirst ha vendido directamente sus obras, saltándose al galerista. ¿Maurizio Cattelan? Ha sido comisario, propietario de una galería (la Wrong Gallery), editor de dos revistas y crítico de arte. Y se le considera como uno de los mejores de su generación. Hace 25 años, un artista no hubiera podido hacerlo porque se le hubiera tachado de comercial y hubiera perdido toda credibilidad”, explica contento de que el arte contemporáneo haya conseguido emanciparse de lo que el artista belga llama “el arte para los funcionarios”. “Ahora reina el mercado libre. Quizás no sea tan bueno pero es así. El mercado es bastante conservador, algunas veces igual de malo que antes”, admite volviendo a la carga. Ahí va la primera bala para un sistema liberal y caótico que muchos consideran responsables de la burbuja especulativa que conoce el mercado del arte contemporáneo en los últimos tiempos. Pero el fusil de Delvoye tiene munición para todos. ¿Los jóvenes artistas contemporáneos? “Es cierto que mi trabajo se vende por cantidades de seis ceros, pero yo gasto mucho en cada obra. Y veo a jóvenes desconocidos que siempre llegan a esa cifra aunque sea una obra más pequeña. Pero el trabajo que hacen no tiene compromiso alguno”, explica con una nostalgia cuyos aires retrógrados son tan sorprendentes (él forma parte de todo eso) como, seguramente, calculados. Pese a todo, el trabajo del artista belga encuentra un eco particular en un lugar tan cargado de historia y herencias estéticas como el Louvre. Y es que las obras de Delvoye a menudo se caracterizan por una sorprendente mezcla de referentes clásicos y objetos o códigos actuales. Ya no solo en la reinterpretación digitalizada y perfeccionada de la arquitectura gótica que ha iniciado en los últimos años, con maquetas de hierro cortadas al láser de manera ultra-realista (Chapel # 2, 2007) o la famosa torre que pudo verse en la Bienal de Venecia de 2009 (Torre Venezia, 2009), sino en sus primeras creaciones. Objetos banales, como mesas de planchar, palas o bombonas de butano que el artista decora con unos escudos de armas medievales o con los paisajes típicos de la cerámica de Delft (Butagaz 62 Shell 205722, 1989-1990). Unos inesperados acercamientos estéticos que ofrecen una apasionante reflexión sobre la esencial trivial de algunos objetos y las condiciones sociales o hermenéuticas que pueden transformarlos en obras de arte. En efecto, ¿por qué no decorar también una bombona de gas, una cuchilla de sierra circular o la piel de unos cerdos? Asuntos en los que el artista seguirá profundizando a lo largo de su carrera y que están muy presentes en la propuesta del Louvre con cuchillas decoradas como platos, cerdos tatuados con flores o una imponente escultura de acero en el jardín de las Tullerías. Y es que Delvoye siempre “interroga el presente a la luz del pasado y se presenta como un regenerador proponiendo fórmulas desestabilizadoras”, como se explicaba en el catálogo de la gran exposición que le dedicó el Bozar de Bruselas en 2010. ******* ( Text by Jorg von Uthmann) Would the Mona Lisa still smile if she knew she was sharing her home with a man whose tattooed back, to be peeled off after his death, was bought by an art collector for 200,000 euros ($241,800)? Tim Steiner, the owner of that precious skin, is one of the items in an exhibition at the Louvre devoted to the Flemish enfant terrible Wim Delvoye. In fact, Steiner displayed his body only at the opening, long enough to be photographed for the show’s catalog. "Kashan" and "Mughal Jail" (both 2010) by Wim Delvoye. The artist, who was born in 1965 and works in Ghent, Belgium, made his name with scatological provocations. Source: Musee du Louvre via Bloomberg Delvoye, who was born in 1965 and works in Ghent, Belgium, made his name with scatological provocations. At the Documenta IX art exhibition in 1992, he surprised visitors with glazed tiles featuring pictures of his own feces. In 2000, he built “Cloaca,” a digestive machine inspired by Chaplin’s film “Modern Times” that turned food into excrement. The smelly output, neatly packaged in cute jars, could be purchased by admirers of his art. At the same time, Delvoye experimented with tattooing live pigs. When he ran into trouble with the authorities, he moved his “Art Farm” to China where animal -- and human -- rights are less of a concern. In the Louvre show, the pigs appear in a form that even animal-rights activists can accept: They have morphed into polyester molds sewn into Indian and Turkish carpets. Mellow Provocation Perhaps out of respect for the venerable Paris institution or because he has mellowed, Delvoye has toned down his provocative impulses. At first, he wanted to top the Louvre’s glass pyramid, which he hates, with a steel construction, a kind of medieval belfry. When the curators protested, he settled for an 11-meter- high phallic sculpture inside the pyramid named “Suppo” (for suppository). Looking closely at the piece, you discover distorted elements of Gothic architecture, another source of Delvoye’s exuberant imagination. References to Gothic style also abound among the 30 or so objects displayed in the apartments of Napoleon III, an odd contrast to the pompous 19th-century furniture. Phallic Symbols Meet Carpeted Pigs at Louvre: Review By Jorg von Uthmann - Jul 27, 2012 1:00 AM GMT+0200 Facebook Share LinkedIn Google +1 0 Comments Print QUEUE Q Would the Mona Lisa still smile if she knew she was sharing her home with a man whose tattooed back, to be peeled off after his death, was bought by an art collector for 200,000 euros ($241,800)? Tim Steiner, the owner of that precious skin, is one of the items in an exhibition at the Louvre devoted to the Flemish enfant terrible Wim Delvoye. In fact, Steiner displayed his body only at the opening, long enough to be photographed for the show’s catalog. Enlarge image 'Kashan' and 'Mughal Jail' "Kashan" and "Mughal Jail" (both 2010) by Wim Delvoye. The artist, who was born in 1965 and works in Ghent, Belgium, made his name with scatological provocations. Source: Musee du Louvre via Bloomberg Enlarge image 'Twisted Dump Truck' "Twisted Dump Truck" (2011) by Wim Delvoye. The sculpture is on view at the Louvre through Sept 17. Source: Musee du Louvre via Bloomberg Delvoye, who was born in 1965 and works in Ghent, Belgium, made his name with scatological provocations. At the Documenta IX art exhibition in 1992, he surprised visitors with glazed tiles featuring pictures of his own feces. In 2000, he built “Cloaca,” a digestive machine inspired by Chaplin’s film “Modern Times” that turned food into excrement. The smelly output, neatly packaged in cute jars, could be purchased by admirers of his art. At the same time, Delvoye experimented with tattooing live pigs. When he ran into trouble with the authorities, he moved his “Art Farm” to China where animal -- and human -- rights are less of a concern. In the Louvre show, the pigs appear in a form that even animal-rights activists can accept: They have morphed into polyester molds sewn into Indian and Turkish carpets. Mellow Provocation Perhaps out of respect for the venerable Paris institution or because he has mellowed, Delvoye has toned down his provocative impulses. At first, he wanted to top the Louvre’s glass pyramid, which he hates, with a steel construction, a kind of medieval belfry. When the curators protested, he settled for an 11-meter- high phallic sculpture inside the pyramid named “Suppo” (for suppository). Looking closely at the piece, you discover distorted elements of Gothic architecture, another source of Delvoye’s exuberant imagination. References to Gothic style also abound among the 30 or so objects displayed in the apartments of Napoleon III, an odd contrast to the pompous 19th-century furniture. They include models of a chapel and a Gothic dump truck -- both made of laser-cut steel -- hand-carved car tires, a taxidermied rabbit on slippers and a 5-meter-high stained-glass window. In the past, Delvoye peopled his church windows with copulating skeletons and other sex scenes. A sharper eye than mine may discover obscenities in this window; to me, it looks innocent. The exhibition, which is supported by Mercedes-Benz AG and Louis Vuitton, runs through Sept. 17. Information: http://www.louvre.fr

Art Exhibition «Theatre of the World» Tasmania

Theatre of the World in Tasmania

******* Theatre of the World engages, and rejects, the widely held notion that ancient and contemporary works of art are different. Theatre of the World is polychromatic: here the viewer sees the object, and that is enough. This notion takes us back to the Renaissance view that art and knowledge are intertwined. Theatre of the World is visual poetry. In the theatre of the world art is a conveyor of dreams, a mass of imagination, and emotion. When we find beauty sometimes we don't need to look elsewhere. http://www.mona.net.au